Alguna vez sucumbí ante tu mirada
y necesitaste tan sólo de pocas palabras
para que estuviera feliz y plena.
Y un pequeño instante sirvió para hacerme sentir mujer
permitiendo que en una fracción de tiempo
disfrutara el ser libre entre tus manos,
como jamás lo había sido,
como nunca creí que pudiera ocurrir.
Y en ese momento le pregunté a tus caricias
queriendo descifrar lo que decían tus ojos,
escudriñando en los recuerdos y en aquellas palabras,
pero encontré que el amor se había esfumado
y la ilusión había expirado.