jueves, 3 de enero de 2008

Maravillosa Compañía


Hace días que no percibo tu voz,
un poco más que no sé de tu existencia,
una centésima extra que no siento tu respiro junto al mío
y ese milímetro adicional en el que ignoro si me extrañas.

Recorro los pasos dados que me conducen a ti,
los que me hacen sentir en la brisa del viento recio tu calor,
en una inmensa montaña el aroma penetrante de tu presencia,
en una noche llena de estrellas esa mirada profunda y colmada de amor.

Y al seguir mi largo caminar,
me topo con la nieve que me recuerdan tu cabellera,
con el verde prado que me devuelve tu calidez,
con el sonido de la naturaleza en el que te escucho muy quedo.

Pero al regresar veo que aún no te alcanzo,
que me faltan fuerzas y vida para llegar,
mas es mi corazón quien se regocija al saber que existes
y se me calienta el alma con el soplo de vida que sólo tú me das.



Por: Lisset Villada Q.

martes, 27 de noviembre de 2007

Instantes


Alguna vez sucumbí ante tu mirada
y necesitaste tan sólo de pocas palabras
para que estuviera feliz y plena.

Y un pequeño instante sirvió para hacerme sentir mujer
permitiendo que en una fracción de tiempo
disfrutara el ser libre entre tus manos,
como jamás lo había sido,
como nunca creí que pudiera ocurrir.

Y en ese momento le pregunté a tus caricias
queriendo descifrar lo que decían tus ojos,
escudriñando en los recuerdos y en aquellas palabras,
pero encontré que el amor se había esfumado
y la ilusión había expirado.



Por: Lisset Villada Q.

martes, 20 de noviembre de 2007

Momento de los dos


Por primera vez sentí como tus manos se posaban en mis caderas,
caminaban por mi cuerpo sin tener piernas
y recorrían con una delicadeza abrumadora,
el éxtasis fascinante del frío que llevaba por dentro.

Tus labios buscaron con ahínco mi boca
y en un pequeño instante me brindaste el soplo que me volvió a la vida,
tus ojos se reflejaron en los míos
y cual juego de espejos vi en ellos la pasión que de mí emanaba.

Tu ser se entrelazó con el mío,
esclavizándonos en una entrega total
y alcanzando la libertad plena en el mismo momento
en que ardíamos de amor
y partíamos hacia la eternidad.


Por: Lisset Villada Q.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Quisiera entender

Quisiera entender
por qué amarte fue un castigo
por qué entregarme fue la perdición
por qué sentirte fue mi desvelo
por qué vivirte fue mi reprensión

Quisiera entender
por qué desearte fue mi suplicio
por qué esperarte fue mi condena
por qué añorarte fue mi sentencia
por qué extrañarte fue mi defunción

Quisiera entender
por qué ya no estás
por qué te fuiste en cuanto llegaste
por qué se te olvidó decirme
cómo hacía para vivir sin ti.

Por: Lisset Villada Q.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Mi mente vuela

Mi mente vuela,
abre sus alas y se remonta en las alturas,
huye, se agita, se desespera,
sólo porque te necesita.

Mi mente vuela y te extraña,
sufre, se entristece, se confunde,
pero sabe que sobrevive al pensarte.

Mi mente vuela y te alcanza,
se regocija, disfruta, se alegra,
es feliz porque a su lado estás.


Por: Lisset Villada Q.

martes, 2 de octubre de 2007

Perece Mi Alma

Perece mi alma con este sentimiento,
asalta mi lucidez,
confunde mi mente
y ahoga mis pensamientos.

Perece mi alma al decirle al cuerpo que no sienta,
a los sentidos que no extrañen,
a la piel que no reclame
el amor que le llena de satisfacción.

Perece mi alma
obligando al corazón a ser más fuerte,
a resistirse para defender las emociones
y abstenerse sin remordimientos
porque es como un vicio que no da sosiego
cuando no está y menos cuando lo tengo.

Por: Lisset Villada Q.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Fui mujer

Al fondo escucho el golpetear en la ventana,
de nuevo está lloviendo y sin pedir permiso
llegan a mis pensamientos inolvidables recuerdos.

Llovía, no a cántaros... pero llovía,
era una lluvia suave, no silenciosa pero muy tranquila,
con su candor, hacía que los cuerpos se estremecieran al ritmo de su propia música,
su exclusivo aroma, permitía que nos refugiáramos el uno en el otro
y su frescura fuera un extraordinario refugio.

Años después,
tantos años después,
estoy evocando los recuerdos
de la noche en que lloré de placer,
la noche en mi cuerpo no cabía en él,
aquella noche cómplice, pícara, diáfana,
la especial noche en que al ritmo de la lluvia
me hiciste mujer.

Por: Lisset Villada Q.