asalta mi lucidez,
confunde mi mente
y ahoga mis pensamientos.
Perece mi alma al decirle al cuerpo que no sienta,
a los sentidos que no extrañen,
a la piel que no reclame
el amor que le llena de satisfacción.
Perece mi alma
obligando al corazón a ser más fuerte,
a resistirse para defender las emociones
y abstenerse sin remordimientos
porque es como un vicio que no da sosiego
cuando no está y menos cuando lo tengo.
Por: Lisset Villada Q.