Alguna vez sucumbí ante tu mirada
y necesitaste tan sólo de pocas palabras
para que estuviera feliz y plena.
Y un pequeño instante sirvió para hacerme sentir mujer
permitiendo que en una fracción de tiempo
disfrutara el ser libre entre tus manos,
como jamás lo había sido,
como nunca creí que pudiera ocurrir.
Y en ese momento le pregunté a tus caricias
queriendo descifrar lo que decían tus ojos,
escudriñando en los recuerdos y en aquellas palabras,
pero encontré que el amor se había esfumado
y la ilusión había expirado. Por: Lisset Villada Q.
Por primera vez sentí como tus manos se posaban en mis caderas,
caminaban por mi cuerpo sin tener piernas
y recorrían con una delicadeza abrumadora,
el éxtasis fascinante del frío que llevaba por dentro.
Tus labios buscaron con ahínco mi boca
y en un pequeño instante me brindaste el soplo que me volvió a la vida,
tus ojos se reflejaron en los míos
y cual juego de espejos vi en ellos la pasión que de mí emanaba.
Tu ser se entrelazó con el mío,
esclavizándonos en una entrega total
y alcanzando la libertad plena en el mismo momento
en que ardíamos de amor
y partíamos hacia la eternidad.
Por: Lisset Villada Q.
Quisiera entender
por qué amarte fue un castigo
por qué entregarme fue la perdición
por qué sentirte fue mi desvelo
por qué vivirte fue mi reprensión
Quisiera entender
por qué desearte fue mi suplicio
por qué esperarte fue mi condena
por qué añorarte fue mi sentencia
por qué extrañarte fue mi defunción
Quisiera entender
por qué ya no estás
por qué te fuiste en cuanto llegaste
por qué se te olvidó decirme
cómo hacía para vivir sin ti.
Por: Lisset Villada Q.
Mi mente vuela,
abre sus alas y se remonta en las alturas,
huye, se agita, se desespera,
sólo porque te necesita.
Mi mente vuela y te extraña,
sufre, se entristece, se confunde,
pero sabe que sobrevive al pensarte.
Mi mente vuela y te alcanza,
se regocija, disfruta, se alegra,
es feliz porque a su lado estás.
Por: Lisset Villada Q.